s.o.s tenibilidadEn esta nueva etapa que emprendemos, y tras mucho pensarlo y discutirlo entre nosotros, hemos elegido “Plataforma por la Sostenibilidad” como seña de identidad corporativa.

Pero, ¿por qué SOSTENIBILIDAD?, ¿por qué elegir una palabra que está tan cuestionada en estos tiempos modernos? Honestamente, porque nos negamos a perderla y a que la secuestren todos aquellos que hacen un mal uso de ella.

A menudo nos encontramos con que la palabra sostenibilidad ha perdido valor y que su significado ha quedado completamente vacío de contenido. En esta época del greenmarketing y lavado y centrifugado verde, el concepto sostenibilidad tiene muchos detractores que mantienen, no sin cierta razón, que ha quedado desposeída de significado y de valor como concepto. Argumentar sostenibilidad, dicen, es no decir nada. El concepto sostenibilidad se ha convertido en un lugar común de todas las agendas políticas, en las declaraciones internacionales, en estrategias corporativas, en proyectos educativos o de cooperación, ha pasado a ser un concepto que, como tantos otros que se utilizan cotidianamente, a base de significar cosas distintas para distintas personas, ha terminado desposeído de significado para mucha gente.

Pero en su origen, ¿qué significó sostenibilidad?

La primera vez que se acuño el término, fue allá por 1980, en un informe de la World Conservation Union. En esta primera definición, aparte de presentarse como la única opción racional, la sostenibilidad se definió teniendo como punto de referencia el medio natural, es aquella que respetaba los ecosistemas, que mantenía los procesos ecológicos esenciales que conservan la vida, que fomentaba la vitalidad y la diversidad de la Tierra. También apuntaba que, puesto que gran parte del crecimiento económico no genera una mejora del bienestar, no hay razón para pensar que el respeto medioambiental tenga que derivar en una pérdida de calidad de vida, sino todo lo contrario. En resumen, por primera vez en la historia de la humanidad, nos mostraba un camino donde se ponía al medio, por delante del humano.

Sería a partir del informe Brudland, “Our Common Future”, cuando pasa a cambiarse esta visión claramente revolucionaria, para terminar convirtiéndose en un concepto con una clásica visión antropocéntrica. Esta nueva acepción pasaba por no restar posibilidades de bienestar a las generaciones (humanas) futuras, desapareciendo en gran parte el componente ecológico que estaba presente en la primera forma de entender la sostenibilidad.

Es desde ese momento, que en el concepto sostenibilidad, ha ido perdiendo peso el factor medioambiental a favor de una estrategia de desarrollo con tres dimensiones: la asociada al crecimiento económico, la relativa a la equidad social y, por fin, la relacionada con las cuestiones ambientales.

Desde entonces, no es de extrañar, que la sostenibilidad, haya sido criticada por su actitud errante, errada y por su vaguedad. “Estar a favor de la sostenibilidad, es como estar a favor de la paz mundial”, dicen por ahí.

Pero es esa vaguedad sin embargo, la que nos muestra el camino de sus virtudes y nos ayuda a emprender el regreso a su significado originario. Algo que desde un punto de vista científico es frustrante, no saber de qué estamos hablando cuando hablamos de sostenibilidad, puede resultar práctico en este “mundo moderno”. Desde el político neoliberal al marxista, pasando por el consejo de dirección de la empresa que sea, hasta el ciudadano de a pie, a todos, sin excepción, les resulta familiar y conocen la palabra sostenibilidad.

Dotémosla pues, de un verdadero significado, olvidémonos de centrar el debate en ese cambio tecnológico o institucional que nos hace que nos perdamos por el camino. Desviemos la atención a la necesidad de que se produzca un cambio fundamental de comportamiento y valores dentro de nuestra sociedad, como única forma de alcanzar los objetivos de la palabra sostenibilidad.

Sostenibilidad es ¡Revolución!

La revolución de poner al ecosistema en primer término, por delante de la economía y de la sociedad, porque es el único camino, porque no hay economía ni sociedad ni desarrollo posible, si no tenemos en cuenta en que terreno de juego estamos jugando y cuáles son los límites y reglas de ese terreno y de ese juego.

El concepto sostenibilidad ha sido y está siendo secuestrado, y una vez que aceptemos eso, tenemos dos opciones. Podemos seguir buscando otros paraísos etimológicos, buscando palabras nuevas o conceptos nuevos que no han sido manchados, ni ensuciados y que por consiguiente nadie conocerá. O podemos luchar por rescatar palabras y conceptos, que no porque hayan sido mal usadas hasta la extenuación, han dejado de tener ese valor provocador y generador de cambio. Desde G4Globe elegimos pelear. Luchar por una palabra revolucionaria en sí misma, que bien entendida y bien interpretada, alberga conceptos necesarios en esta era; decrecimiento, autocontención, ecología, responsabilidad, naturaleza, equilibrio, cambio, biomímesis… merece la pena, ¿no?

No dejemos que le quiten el verdadero significado a esa SOSTENIBILIDAD bien entendida. El objetivo es ese. Y como decían allá por el año 80 en ese primer informe…

“Hoy puede parecer algo propio de un visionario, pero es alcanzable. Y cada vez a más y más gente, le parecerá la única opción racional”.

Salud y SOSTENIBILIDAD!